27.7.06

 

Gallardón y el sexo

 

27-07-06



AL ABORDAJE

Gallardón y el sexo

DAVID GISTAU

Uno de los retruécanos más celebrados de los que soltó Camilo José Cela establecía la diferencia entre estar jodido y estar jodiendo. Al alcalde de Madrid, sus ciudadanos le reprochan una obsesión por las obras, por levantar desde los cimientos del poblachón una urbe sofisticada y olímpica, que viene convirtiendo la residencia en la capital en un modo cotidiano de estar jodido. Por eso hay que agradecerle que ahora le haya dado por compensarnos subvencionando el gerundio con dinero público. Según una información de Sandra Remón, la concejalía de Alicia Moreno aprobó, con un pretexto cultural, ayudas oficiales a Pornolab, un taller de orgías en el que se enseña a declinar fellatio «sin asfixiarse en el intento» y en el que se reivindica la legalización de los tríos para completar esa apertura social española que ya tiene superado el modelo en blanco y negro de la familia bien, gracias.

Los maldicientes no acaban de apreciarle a Gallardón esta financiación del sexo colectivo que en realidad demuestra que no todo en el PP consiste en amar a Laura. Pues menudos son los cautivos dinásticos de la moral católica cuando se meten a modernos para oxigenarse el pedigrí, entonces hasta del coito se aprovechan para argumentar el regreso a una Movida contracultural como la que tan bien supo manejar Tierno Galván para acortar las distancias con la calle y quedar como un tío enrollao. Claro, que aquellos tiempos eran otros. Y si a Tierno le bastó la teta fugitiva de Susana Estrada para consagrarse como alcalde molón y alternativo, Gallardón habrá necesitado para lograr lo mismo incluir un taller de orgías en el nuevo Siglo de Oro cultural que promociona el ayuntamiento con ese afán de mondarse la corteza carca que ya vimos cuando el invento de la Navidad pagana.

No sé si en la calle Génova, donde se aferraron a un matiz etimológico para atrincherarse contra la legalización del matrimonio homosexual, asumirán como doctrina de partido este apoyo institucional que Gallardón concede a la vindicación de los tríos. Son ya demasiadas manzanas y peras en promiscuidad de macedonia de frutas como para que a Ana Botella no le dé un soponcio, doliente ella ante los escombros de la familia tradicional a la que querría poder encadenarse como Tita a un árbol. Pero, en esta ocasión, el alcalde se ha ganado nuestro voto. No ya porque hayamos pasado de la violetera, los garbanzos y la rascadura de huevos de los del 7 a un moderno que ya querrían en Amsterdam. Sino porque la coartada cultural todo lo redime. Y ahora nos atreveremos a proponerle a la novia ese trío con el que siempre fantaseamos sin temor a que nos llame cochino:

-Te equivocas, cariño. Esto no es vicio, sino contracultura.

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